Dana Eva —amiga mía, cordobesa,
conocida a través de este blog—, Belén —amiga suya— y yo. Cenando, después de
haber disfrutado de una tarde de risas y charla animada. Nos levantamos, nos
disponemos a salir. Pero antes de que lleguemos a la puerta, algo rompe la armonía de
la velada.
Desde atrás, alguien me hace a un lado con
violencia. Esas cosas raras de la cabeza, por más que tengo frente a mí la
espalda de Dana Eva, por unos instantes pienso que la que me empuja es ella. La
mujer, unos cuarenta años, alcanza a Dana Eva, la sujeta del pelo y tira con
fuerza hacia atrás. Belén ve la mano de la mujer y cree que es mía. Qué confianza…, piensa. ¡Eso debe doler! La mujer insulta. La conoce, pienso. Le tiene bronca por algo. Le va a gritar «¡puta de mierda, te cogiste a
mi marido!», o algo así. Pero no puede ser…, me digo. Ella vive lejos… «¡Ay!», exclama Dana Eva, y se voltea. Mira a la
mujer con sorpresa, los ojos grandes más grandes que nunca. «¡¿Qué te hice?!»,
le pregunta. «¡Me pasaste por encima con la mochila!», responde la mujer. Da
media vuelta y vuelve a su mesa.
Quedamos perplejos, parados, todavía en el
interior del local. La gente, mozos y clientes, nos mira. «¿Qué pasó?», nos
pregunta alguien. «Dice que la empujé con la mochila…», responde Dana Eva, la
sonrisa nerviosa, los ojos aún enormes. Comentarios poco comprometidos de
varias personas. Están de nuestra parte, pero con moderación.
El corazón me late fuerte y tengo una roca
instalada en el estómago. A lo largo de mi vida, he tenido esta sensación
varias veces, y no me gusta. No quiero sentirla. ¿Dejamos esto así o hacemos algo?, pienso en preguntarle a Dana
Eva. Aborto la pregunta. Mi cabeza, acelerada, piensa varias cosas a la vez.
Propone, evalúa, descarta, propone, evalúa, descarta. Busco a la mujer con la
mirada. Una de sus compañeras nos mira y se ríe. Mi cabeza se ensancha, se
vuelve del tamaño de una habitación. Un ambiente del tamaño del ambiente en el que
estamos, superpuesto a este. Yo estoy en el centro de ese lugar, el mío, he
quedado separado del resto. Donde estoy, no hay sonido, sólo el latido de mis
sienes. Veo una mesa sin ocupantes, una botella, un vaso con agua. Y lo que
experimento está a medio camino entre la reacción por impulso y el acto
premeditado. La mujer se comportó salvajemente. Yo decido dar el paso desde civilización a barbarie. Pero, a su vez,
esa decisión es fruto de un impulso. Un impulso que decido no refrenar. Una
columna me tapa la visión. Doy un paso al costado para mirar si hay algún macho
sentado a la mesa. Negativo: son todas hembras, unas seis o siete. Tomo el
vaso. Me dirijo hacia ellas. Identifico a la que busco. Pienso que me va a ver
venir y se va a poner en guardia, pero no me reconoce. Llevo el vaso pegado al
muslo, mi cuerpo lo oculta de su visión. Llego junto a ella y le arrojo el agua
a la cara.
Doy media vuelta. Me alejo. La escucho
gritar. Me salpican unas gotas de algo. Intenta vengar mi afrenta con el mismo
gesto, pero no le sale. Pienso que en cualquier momento sentiré sus manos
encima. No se atreve. Llego a la puerta.
Afuera, Belén abraza a Dana Eva,
consolándola. Salieron antes que yo, no vieron lo que acaba de suceder.
—Vamos —les digo.
—¿Qué le dijiste? —me pregunta Dana Eva.
—Nada —respondo. Miro hacia un lado, hacia
el otro. Busco el obelisco. Tardo en ubicarme. Estoy como drogado. Señalo la 9
de Julio—. Vamos.
Mi pulso sigue acelerado. La sensación en el
estómago persiste. Se disipará unas cuadras más adelante.
Miro a Dana Eva. Le sonrío.
—¡Buenos Aires te da la bienvenida!
—¡Buenos Aires te da la bienvenida!
buenosaires... haciendo animales!
ResponderEliminarJa... y pensar que yo me creía la gran cosa... ante tal violencia gratuita toda mi reacción fue mirarla asustada y decirle "Qué te hice?"
ResponderEliminarNi putearla me salió.
Igual Buenos Aires me llama... ya voy a volver!
Besos cordobeses :)
Esas situaciones de desequilibran, siempre es mejor hacer algo, responder con menos barbarie para dejarlo mal parado es lo mejor. Pero hacer, reaccionar, actuar... es mejor (mas sano??? si eso!)
ResponderEliminarNO REPRIMAMOS nuestras ganas de devolver la bofetada injustificada de la barbarie ajena.
Rami
Así como lo leí me dieron ganas de ir y cagarla a trompadas... pero no sé qué me pasa.
ResponderEliminarYo no soy así normalmente.
Debe ser que ya son las seis y me toca salir de la oficina, darle la espalda al sol y meterme al subte para viajar apelmazada y sudorosa y tengo ganas de quemar todo...
Ah.......la otra mirada de la historia....ya había leído algo en lo de la amiga cordobesa.
ResponderEliminar¿Dejamos esto así o hacemos algo? Esa pregunta define todo.
Me gustó lo que hiciste.....yo no hubiera podido, creo.
Abrazo!
yo con vos no me meto guille. menos si hay un vaso de agua, no voy a dedcir nada nuevo pero la gente esta rechapa y muy equivocada
ResponderEliminarle decia ESTIMADO GUILLE,KE ESTUVO BIEN,YO HUBIERA HECHO ALGO PARECIDO CIVILIZACIÒN Y BARBARIE!!!SALUDOS. VINCENT
ResponderEliminarPero qué bicho le picó a esa mujer!!? Estuviste bien !
ResponderEliminarIsrael: ¡Bienvenido nuevamente! ¡Tanto tiempo!
ResponderEliminarAbrazo y gracias por pasar.
Dana Eva: ¡Volvé prontito!
¡Abrazo grande! :)
Ramita: Y decí que no tenía un sifón a mano. Si no, el agua a la cara se la tiraba con presión.
¡Abrazo y gracias por pasar!
Cookie: ¡Tal vez esta señora también había viajado en subte y por eso estaba tan alterada!
Abrazo y gracias por pasar.
Bienvenida nuevamente.
Dany: Me alegro de que te guste lo que hice. Jajaja.
¡Abrazo!
José Gabriel: Y nunca te acerques si hay un sifón a mano. Salvo que quieras recibir un chorro de soda en el medio de la jeta.
¡Abrazo!
Vincent: ¡Gracias!
¡Abrazo y gracias por pasar!
Lunática: ¡El bicho de la idiotez y la brutalidad!
¡Abrazo y gracias por pasar!
La versión de ella es mas Almodóvar, la tuya mas Tarantino.
ResponderEliminarMe gustan las dos. Son complementarias.
Es un paso adelante del viejo y querido "¿Porqué no te morís, hijo de puta?" que solías gritar en el pasado con quien te enojabas. Pero plantate aquí. El próximo paso es pelar una navaja y no tengo ganas de ir un domingo a llevarte pastafrola a la cárcel.
Jajaja. ¡¿A quién le dije eso?!
ResponderEliminarTe cuento: tirarle un vaso de agua a la cara a alguien de vez en cuando evita la acidez estomacal. ¡Es negocio!
Abrazo y gracias por pasar.
Qué de violencia gratuita por todos lados! Hmm, y a pesar de toda tu inteletualidad, contribuiste a la barbarie! ¿A vos te parece?
ResponderEliminar¿Viste qué bárbaro?
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