domingo, 17 de marzo de 2013

PALABRA DE DIOS: BALAAM Y LA BURRA

     Números, capítulo 21 al 24.

  Ya resueltos sus conflictos intestinos, los hebreos se dedicaron a masacrar a otros pueblos y ocupar sus territorios. Porque todas las tierras prometidas por Jehová, pequeño detalle, estaban habitadas. No eran oasis esperando a ser estrenados: para entrar en posesión de ellas, había que matar multitudes.
  Como si firmaras un contrato de alquiler y a la hora de mudarte al departamento, encontraras una familia adentro.
   Y llamaras a la inmobiliaria.
   —Escúcheme, señor. ¡En este lugar hay gente!
  —Ah, sí, los anteriores inquilinos… Mátelos. Usted es quien tiene derecho a vivir ahí.
   ¡Ni siquiera los mataba Dios! Tenía que matarlos uno.
  Los hebreos, pues, aniquilaron a los cananeos, a los amorreos y al pueblo del rey Og. Y pusieron la mira en Moab. Balac, rey de los moabitas, vio todo lo que Israel había hecho a su vecino el amorreo y atemorizóse en gran manera. Y envió mensajeros a Balaam, adivino de Mesopotamia.
   —He aquí un pueblo que acaba de salir de Egipto —mandó a decir—. He aquí que cubre la haz de la tierra, y están asentados en frente de mí. Ahora, pues, ruégote vengas y me maldigas a esta gente, porque es demasiado fuerte para mí. Quizás así prevaleceré, y podremos batirla, y lograré arrojarla del país. Porque sé que aquel que tú bendijeres es bendito, y aquel que tú maldijeres es maldito.
   Y Balaam dijo a los mensajeros:
   —Pasad la noche aquí y os traeré respuesta según me hablare Jehová.
   Entonces vino Dios a Balaam.
  —No vayas con ellos —dijo—. No has de maldecir a ese pueblo, porque es bendito.
   Levantóse, pues, Balaam por la mañana y fletó a los mensajeros.
   —Id a vuestra tierra —les dijo—, porque Jehová rehusa permitirme ir con vosotros.
  Pero el rey de Moab redobló la apuesta. Envió un grupo mayor de mensajeros, más distinguidos que los anteriores, a repetir su pedido.
   —Aun cuando vuestro rey me diere su casa llena de plata y de oro —dijo esta vez Balaam—, no podré traspasar la palabra de Jehová, mi Dios, para hacer cosa alguna, ni pequeña ni grande. Ahora pues, ruégoos os quedéis aquí, vosotros también, esta noche, para que yo sepa qué más me dice Jehová.
   Dios volvió a presentarse ante Balaam.
  —Si a llamarte han venido aquellos hombres —dijo—, levántate, ve con ellos. Mas solamente lo que yo te dijere has de hacer. (1)
   Levantóse, pues, Balaam por la mañana, aparejó su burra y partió con los mensajeros de Moab.
  No obstante haber autorizado expresamente esto, Jehová se enfureció por cuanto él se iba. Y envió un ángel para interceptarlo. (2)
  El ángel era invisible a los ojos de Balaam, pero no a los de la burra. Cuando ella lo vio, de pie en mitad del camino, con su espada desenvainada, se desvió e intentó ir por el campo. Y Balaam la cagó a palazos para hacerla volver al camino.
   Entonces, el ángel se puso en una senda angosta, con una pared de un lado y otra pared del otro. Cuando la burra lo vio, se tiro hacia un costado, y apretó el pie de Balaam contra una de las paredes. Y el volvió a cagarla a palazos.
   Y el ángel de Jehová pasó adelante otra vez aún, y se puso en un lugar tan estrecho que no había espacio para ladearse ni a la derecha ni a la izquierda. Cuando la burra lo vio, cayó en tierra debajo de Balaam. Por supuesto, él la cagó a palazos de nuevo.
   En esto, Dios abrió la boca de la burra. Y la burra dijo:
   —¡Eh, loco! ¡¿Qué onda?! ¡¿Por qué me cagás a palos, la reconcha de tu madre?!
  —¡Porque te burlás de mí! —respondió Balaam—. ¡Si tuviera una espada a mano, te cagaría matando, hija de puta!
   —Vos decime, pelotudo: desde que soy tu burra, ¿alguna vez me porté así, como ahora? —preguntó el animal.
   —No —dijo Balaam. (3)  
   —¿Entonces?
  Y Jehová quitó el velo de los ojos de Balaam, de modo que vio al ángel, ahí parado, con la espada en la mano. E inclinó la cabeza y postróse sobre su rostro.
   Y el ángel le preguntó:
   —¿Por qué fajás a la burra, vos? ¿Eh? Si ella no se hubiese desviado las tres veces, yo te habría ensartado con la espada, loco. Porque está todo mal con vos. Todo mal con que acompañes a esos chabones.
  —Yo pensé que la burra me estaba boludeando —dijo Balaam—. No sabía que vos estabas ahí adelante. Todo bien, hermano. Si a Dios no le cabe que vaya con los chabones, me vuelvo a mi casa.
   —No, andá, andá… —dijo el ángel—. Pero no has de hablar otra cosa sino lo que Dios te dijere, eh… (4)
  O sea, lo mismo que Dios le había dicho antes de que saliera de casa. ¿Para qué carajo manda al ángel a que lo bardee, entonces? Igual, este capricho vale la pena, porque la imagen de la burra quejándose por los palazos es impagable.
  Balaam siguió camino, pues, y llegó a la ciudad de Irmoab, en el límite entre las tierras de Moab y las que antes eran de los amorreos, ahora ocupadas por la gente de Israel. Y el rey salió a recibirlo.
  —¡Hace una bocha que te llamé, loco! —le dijo—. ¡¿Por qué tardaste tanto?!
   —Ah, no sé… —dijo Balaam—. Yo obedezco órdenes de arriba… (5)
  Esa noche morfaron y, al día siguiente, el rey llevó a Balaam a un monte desde donde se podía divisar el campamento de los hebreos. Ahí edificaron siete altares y sacrificaron siete novillos y siete carneros, porque los hebreos no eran los únicos semitas que se cagaban en la vida de los animales. El rey de Moab esperaba que Balaam maldijera a sus enemigos. Pero sucedió todo lo contrario. (6) 
   —¡¿Qué onda, chabón?! —dijo el rey—. ¡¿Te llamo para que maldigas a estos tipos y vos los colmás de bendiciones?!
   —Yo te avisé, boludo… —dijo Balaam—. Yo nada más puedo decir lo que Jehová pone en mi boca.
  —Bueno, hagamos una cosa —dijo el rey—: vení que te llevo a otro lugar, y desde ahí me los maldecís. (7)
  Y llevó a Balaam a otro monte. Y edificó ahí siete altares. Y mató a catorce animales más. Pero Balaam volvió a bendecir al pueblo de Israel. (8)
   —¡Loco, si no los vas a maldecir, tampoco los bendigas! —dijo el rey.
  —¿No hablamos ya de esto? —dijo Balaam—. Yo tengo que hacer todo lo que diga Jehová.
   —Bueno, vení que te llevo a otro lado —dijo el rey—, por las dudas de que Dios quiera que los maldigas desde ahí. (9)
   Testarudo como él solo, este tipo tenía ideas de lo más extravagantes.
  Y bueno, ya saben: fueron a otro monte, edificaron siete altares más, mataron más animales… Y Balaam bendijo al pueblo de Israel otra vez. (10)
   Encendióse entonces la ira del rey; y batiendo las manos, dijo:
  —¡Para maldecir a mis enemigos te llamé, y he aquí que tú los has colmado de bendiciones tres veces! ¡Andate a la concha de tu hermana!
  —Yo te dije cómo venía la mano —dijo Balaam—. El que avisa no traiciona. (11)
   Montó sobre su burra y se volvió para su casa.
   Lo vemos alejarse hacia una puesta de sol, silbando una de cowboys.
   Siete capítulos más adelante, los hebreos lo pasan a cuchillo. (12)

     (1) Números 22:20
     (2) Números 22:22
     (3) Números 22:28-30
     (4) Números 22:32-35
     (5) Números 22:37, 38
     (6) Números 23:7-10
     (7) Números 23:11-13
     (8) Números 23:18-24
     (9) Números 23:25-27
     (10) Números 24:3-9
     (11) Números 24:10-13
     (12) Números 31:8

8 comentarios:

  1. Me parece que hay un error de concepto. Si Balaam, debería montar una oveja, no un burro. Y en todo caso tampoco podría haber cenado con el rey, porque sabemos que el que Balaam no come.
    (?)

    En fin, se ve que "El Supuesto" siempre fue muy coherente...

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  2. mira como se paro de mano el balaam ese... sigo sorprendido por la cantidad de bichos que hacen sonar para que el balaam maldiga un pueblo en el comedor tomando unos mate no era lo mismo?

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  3. No no, ni a los hebreos ni a su dios hay pinchila que les venga bien... ¿Leen esto en la catequesis familiar? Porque la única moraleja que se extrae es: "Si haces lo que dios te diga te va a ir como el orto, sino también", al final al pobre Balaam lo terminan fajando.
    Igual me sigue gustando más este dios que el del nuevo testamento, tiene algo de infantil, como de crueldad de niño que promete pero no cumple.

    ¿Por qué no recopilas todo esto en un libro que se llame "Palabra de Dios: la biblia para ateos hijos de puta"? Yo creo que harías guita...

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    1. Adhiero totalmente a lo del libro recopilatorio!

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  4. Tira más un pelo de mula que un designio del Señor.

    De los dichos y contradichos de Jehová está repleto el Antiguo Testamento. Metía la pata y después mandaba a los ángeles para retractarse. Preguntale a Abraham y a Isaac. O los ángeles sabían que el tipo estaba estresado y andaban a escondidas arreglando los quilombos. Andá a saber.

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  5. Que manera de matar animales al pedo. Y de maltratarlos también. A veces algún tigre se lastra al domador.....pero no compensa.
    Me encanta la forma en que nos acercas a las escrituras.
    Abrazo!

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  6. Más que haciendo una recopilación de tus relatos en un libro -como dicen Mateo y Nachox- yo te veo como pastor de una iglesia. Saldría corriendo todos los domingos a escuchar tu sermón, y pagaría el diezmo con mucho gusto :P

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  7. Nachox: ¿Vos decís que el que montaba la burra era Rebuznaam?

    José Gabriel: ¿Viste?

    Mateo: Qué malo que eres. Dios es Amor.

    Malena: ¡Me gustó el refrán! Jajaja.
    Con los ángeles, Dios hacía ese jueguito del policía malo y el policía bueno que era tan habitual entre los torturadores de nuestra última dictadura militar.
    Lo de Abraham e Isaac fue una cámara oculta para el show televisivo de Jehová.
    Un gusto leerte.
    ¡Abrazo y gracias por pasar!

    Dany: ¡Siempre es un gusto leerte!
    ¡Abrazo y gracias por pasar!

    Dan: ¿Y como Papa? ¿No me ves?

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